Uno de los objetos más sorprendentes creados por el hombre es, sin lugar a dudas, el libro. Este artefacto ha causado revuelo en diferentes épocas de la historia debido a su contenido. En nuestros días, hay algunos, cuyas páginas, a pesar haber sido analizadas por científicos y especialistas, siguen siendo un misterio de manuscrito.

Entre ellos, está el manuscrito Voynich, al que dedicamos este espacio. Este libro es anónimo y no se sabe en qué fecha se escribió, aunque las pruebas de carbono 14 que se han realizado hasta ahora arrojan que fue elaborado entre 1404 y 1438. Lo interesante de este ejemplar es que maneja un alfabeto desconocido para el mundo. Así mismo, su idioma no coincide con ninguno del que se tenga registro.

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Su nombre se debe a que, en 1912, fue comprado por Wilfrid M. Voynich (1865-1930) un especialista lituano en libros antiguos. El manuscrito ha sido objeto de innumerables análisis, tanto por parte de profesionales como de aficionados, paleógrafos estadounidenses y británicos especialistas en manuscritos de la Segunda Guerra Mundial y criptógrafos. Sorprendentemente, ninguno ha logrado descifrar ni una palabra del texto. Esto ha generado especulaciones que aseguran que el manuscrito forma parte de un engaño, pues sus dibujos, símbolos y palabras fueron creados al azar y sin sentido alguno. 

Sin embargo, hay quienes tratan de echar por tierra dicha hipótesis, sosteniendo que el manuscrito cumple con la Ley de Zipf, la cual establece que, en todas las lenguas de la humanidad, la palabra más frecuente en un texto aparece dos veces más que la segunda más frecuente, tres veces más que la tercera más frecuente y así sucesivamente. De esta manera se constata que el manuscrito Voynich sí está redactado en un lenguaje concreto, aunque desconocido para los estudiosos, aún en la actualidad.

 

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Por otro lado, el McCrone Research Institute, de Chicago, realizó un estudio de la tinta del libro y logró confirmar que es un documento que se originó en el medievo. Sin embargo, no se tienen muchos indicios del lugar donde pudo haberse escrito. Otras investigaciones, como la de Arthurt Tucker, de la Universidad Estatal de Delaware (realizada en 2014), sostienen que el manuscrito puede ser mesoamericano. Esto, debido a que las plantas dibujadas en el libro son similares a las ilustraciones botánicas del siglo XVI, en México. Lo cierto es que hasta nuestros días no hay estudios que hayan logrado descifrar los mensajes que el manuscrito Voynich guarda. Por ello, sigue siendo uno de los libros más enigmáticos del mundo.